En un momento donde las alergias y sensibilidades alimentarias son cada vez más comunes, esta receta es mi opción ideal para cuando quiero invitar a comer a mi amiga celíaca. Al tratarse de una enfermedad autoinmune y no de una simple intolerancia, tengo que cuidar mucho los ingredientes. Se trata de una alternativa innovadora a la pizza clásica, elaborando la base con arroz integral cocido. Al ser libre de gluten de forma natural, el resultado final a nivel nutricional es muy superior al de las masas tradicionales de harina refinada, gracias a su alto contenido de fibra y nutrientes.
La base se prepara únicamente con arroz integral cocido, una pizca de sal y unas gotas de aceite de oliva para darle sabor. El efecto aglutinante se logra fácilmente al triturar el arroz con un pisapuré o procesadora hasta obtener una textura pegajosa y moldeable.
Una vez horneada, la base adquiere una textura crujiente por fuera y suave por dentro. Sobre ella se puede extender una gran variedad de opciones: desde la clásica salsa de tomate o pesto, hasta una base cremosa de queso ricotta en su version bianca. En cuanto a los toppings, las opciones son infinitas. A mí me encanta coronarla con tomates cherry, hojas verdes y varias cucharadas de hummus. Y para redondear el plan, me gusta maridar esta pizza con un buen vermut para mí, y con una cerveza sin gluten bien fría para mi amiga.
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