Pocas citas hay más masivas en el calendario ferial español gastronómico que Salón Gourmets que, con la excepción de Alimentaria, la feria bianual barcelonesa, concentra a más expositores, medios y profesionales vinculados a los nobles artes de comer y beber.
Beber, por cierto, se bebe bastante allí. Y, sobre todo, se cata. Algo que en el Túnel del Vino sucede con palabras mayores y que lleva al usuario, sea iniciado o no, por más de un centenar de referencias de vinos españoles disponibles, organizados por variedades de uva.
Como es lógico, en un país tempranillista como es España, los muebles y vinotecas del Túnel del Vino estaban hasta los topes de vinos hechos con uva tempranillo, independientemente de la denominación de origen o zona, invitando a catar –no a beber, porque la cantidad a servir es la justa para probarlo– territorios tan diversos como Rioja, Ribera del Duero o Toro donde figuraban algunas etiquetas de primerísimos espadas del sector.
Al punto de que, incluso, se podían disfrutar en la cata referencias tan icónicas como Pintia, el buque insignia de Vega Sicilia en Toro, o de Macán, ídem para la firma vallisoletana, pero en Rioja, donde comparte esta marca junto a Barón Rothschild. Incluso estaba Alión, considerada la 'segunda marca' de Vega Sicilia en Ribera del Duero.
No eran, sin embargo, los únicos pepinos en la cata. También estaba Aalto, o el Preludio de Sei Solo, si seguimos por el perfil ribereño, incluyendo también Pago de Carraovejas o Malleolus.
Pero, como suele pasar en citas masivas donde la inconsciencia o la devoción por las etiquetas puede por encima de la calidad, muchos de los presentes aún a las cinco de la tarde no se habían dado cuenta de que un tesoro de Rioja todavía se podía beber.
Con una regla clara de solo servir una botella por jornada, pretender llegar ya bien entrada la tarde y que queden algunas gotas de referencias archiconocidas y caras es una quimera.
Pasaba, por ejemplo, con el Gran Reserva de El Puntido. O con el Numanthia toresano, sumados a la lista de botellas que a las cuatro de la tarde ya se habían ventilado.
Pero allí, desde el desconocimiento general, aún quedaba más de media botella del que es, para mí, uno de los grandes sacudidores de la actual Rioja: la bodega Ukan. Y allí, sin pretenderlo, más de media botella aún esperaba a que un público etiquetista se diera cuenta de qué había dentro.
Vino tinto Ukan 2021. DOCa Rioja.
Tempranillo 100%, de Rioja Alavesa, y convertido en el ojito derecho del bodeguero Koldo Eguren Kertudo, su Ukan es el tope de gama de una bodega que se ha propuesto desde Laguardia reivindicar un tempranillo fresco, elegante, hecho siempre en el viñedo, que es largo y equilibrado, bien perfilado y armónico.
Un vinazo, vaya, de esos que te valen para presumir de gurú con tus amigos y de esos que, además, sirven también para anotarse un buen tanto en un restaurante cuando lo veas en la carta porque es ir a caballo ganador sin que la gente, quizá perdida en el etiquetismo, se haya dado cuenta de que tienes un bombazo entre las manos.
Vino tinto Senderos de Ukan 2022. DOCa Rioja.
Allí estaba, esperando a que la gente se diera cuenta, a pesar de que su etiqueta y la forma de su botella ya demuestra directamente que no es un vino más y, aún así, la gente pasaba por delante ignorando su potencial.
Por suerte, para eso también llegamos nosotros en DAP, explicándote que si ves un Ukan no te hagas el remolón, te vayas a Vivino y compruebes si está bueno: lo está, merece su precio y merece que lo tengas como referencia de vinazo de calidad. Y, si no llegas a Ukan, no pasa nada: tienes el Senderos de Ukan, su hermano pequeño, que no menor, que es otro vinazo con el que triunfar siempre. Palabrita de DAP.
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