El sencillo cuidado que debes hacer ahora a tus rosales para que sigan llenándose de flores durante el verano

Muchos rosales dejan de florecer antes de tiempo por pequeños errores de mantenimiento. Con unos minutos de cuidados cada semana es posible prolongar la floración durante meses

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Joana Costa

Editor

Los rosales viven su momento de mayor esplendor durante la primavera, cuando sus ramas se llenan de flores y perfume. Sin embargo, al comenzar el verano muchas plantas parecen perder fuerza y no vuelven a producir nuevos capullos.

En la mayoría de los casos no se trata de un problema de la planta, sino de los cuidados que recibe después de la primera floración, de la que tiene que sobreponerse sin duda para seguir adelante.

Precisamente ahora, cuando las primeras rosas empiezan a marchitarse, es el momento de realizar unas sencillas tareas de mantenimiento que ayudarán al rosal a concentrar su energía en producir nuevas flores durante el verano.

Retira las flores marchitas cuanto antes

El primer gesto, y probablemente el más importante, consiste en eliminar las rosas que ya se han secado: es una actuación que consiste en soltar, en dejar ir, para permitir entrar a las nuevas futuras flores.

Cuando permanecen en la planta, el rosal comienza a destinar parte de su energía a producir frutos y semillas. Al retirarlas, esa energía se redirige hacia la aparición de nuevos brotes florales, favoreciendo una segunda y, en muchos casos, una tercera floración.

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Para guiar a la planta hacia donde nosotros queremos, lo ideal es cortar el tallo justo por encima de una hoja sana de cinco foliolos utilizando unas tijeras limpias y bien afiladas.

Elimina ramas secas 

El verano también es un buen momento para realizar una pequeña poda de limpieza. Consiste en eliminar todo aquello que ya no aporta ni suma, y que, al contrario, puede entrañar riesgos de pudrición.

Conviene retirar las ramas secas, dañadas o enfermas, además de aquellos brotes que crecen hacia el interior del arbusto. De esta forma mejora la circulación del aire, entra más luz y disminuye el riesgo de aparición de hongos, especialmente tras los riegos o las tormentas estivales. No se trata de hacer una poda intensa, sino únicamente de despejar la planta.

Riega menos, pero con mayor profundidad

Con el aumento de las temperaturas es habitual pensar que el rosal necesita agua todos los días. Sin embargo, suele resultar más eficaz realizar riegos abundantes y espaciados que aportes superficiales muy frecuentes.

Con esta clase de riegos, las raíces profundizan en busca de humedad y la planta soporta mejor los episodios de calor. Siempre que sea posible, conviene regar directamente sobre la tierra, evitando mojar hojas y flores, algo que puede provocar la aparición de hongos y enfermedades fúngicas.

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El mantillo ayuda a conservar la humedad

Otro aliado para mantener el rosal en buenas condiciones durante el verano es el mantillo orgánico.Una capa de corteza de pino, compost o restos vegetales alrededor de la base ayuda a conservar la humedad, reduce la evaporación provocada por el sol y dificulta el crecimiento de malas hierbas que compiten por el agua y los nutrientes.

Además, la generación de una capa protectora contribuye a mantener una temperatura más estable en el suelo durante los días más calurosos, algo importante si no vamos a estar en casa.

En realidad, los rosales no necesitan cuidados complicados para seguir floreciendo durante el verano. Dedicar unos minutos cada semana a retirar flores secas, revisar el estado de las ramas y controlar el riego suele ser suficiente para que la planta mantenga un crecimiento vigoroso y continúe produciendo nuevas rosas durante buena parte de la temporada.

Fotos | Julia Filirovska y Niko D.

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