En los últimos años, la quinoa ha ganado protagonismo en la cocina y también en algunos restaurantes que la suman como base de ensaladas, principalmente por su perfil nutricional. Además de ser una proteína vegetal completa y fuente de fibra, es rica en minerales y no contiene gluten.
Su gran ventaja es que es un ingrediente increíblemente versátil: se puede utilizar tanto en preparaciones saladas como dulces, sirviendo para armar desde ensaladas frescas y salteados, hasta medallones con batata y espinaca o mini hamburguesas con aguacate.
Sin embargo, como explica Emily Han en The Kitchn, conseguir que quede suelta y aireada tiene su ciencia. A continuación, hay algunos puntos a considerar para conseguir un grano perfectamente esponjoso:
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Olvidarse del lavado previo de las semillas
Cocinar la quinoa tal cual sale del paquete es una mala idea. Estas semillas están cubiertas por una sustancia natural de defensa llamada saponina que, si no se elimina, aporta un sabor marcadamente amargo y desagradable. Pasarlas por un colador fino bajo el chorro de agua fría es necesario para limpiar su sabor, incluso si la marca comercial asegura que ya viene lista para consumir.
Cocinar con las medidas sugeridas del envase
La mayoría de los fabricantes recomiendan la clásica proporción de dos partes de agua por una de grano (2:1). Seguir esta regla suele ser el motivo principal por el que la quinoa se vuelve pastosa. El secreto está en reducir un poco de líquido y utilizar una taza y tres cuartos de agua por cada taza de quinoa, esa sutil diferencia garantiza que quede suelta y al dente.
Cocinarla solo en agua
Cocinar la quinoa en agua sola no tiene gracia. Para que absorba sabor desde el centro, es clave sazonar el líquido con sal o alguna especia molida, ya sea cúrcuma, curry o pimentón. En la misma línea, se puede transformar por completo el resultado reemplazando el agua por caldos de verdura o añadiendo hierbas aromáticas como unas hojas de laurel, romero o dientes de ajo chafados.
Destapar la olla a mitad del proceso
Mantener el control de la temperatura es importante, por lo que estar levantando la tapa para controlar cómo va la cocción solo consigue arruinar el plato. Al destapar, el vapor concentrado se disipa, provocando bajas de temperatura que ralentizan el proceso y hacen que el grano se cocine de manera irregular. Lo correcto es sellar la olla en cuanto empiece a hervir, bajar el fuego al mínimo y dejar que se cocine a fuego lento durante exactamente 15 minutos sin interrupciones.
Retirarla del fuego y servirla de inmediato
El calor residual es también importante. Al apagar el fuego, la quinoa necesita un periodo de reposo de unos cinco minutos con la tapa aún puesta. Durante este breve descanso, se evapora el exceso de humedad. Una vez pasados los 5 minutos de reposo, desgrana la quinoa suavemente con un tenedor, tal y como harías con el cuscús. Esto separará los granos, liberará el último rastro de vapor y asegurará esa textura ultra esponjosa y aireada que estamos buscando.
¿Cómo saber si está lista? Lo sabrás cuando veas que el grano se ha vuelto translúcido y haya soltado su característico "germen" blanco en forma de espiral. A partir de aquí, será cuestión de gustos, pero si buscas inspiración, mi forma preferida de aderezarla es con un buen chorro de aceite de oliva, ralladura de limón fresca y una pizca de ras el hanout. Esta combinación le aporta un toque cítrico, aromático y exótico muy especial.
Imagen | Shashi Chaturvedula
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