Hay algo profundamente irónico en que César Borgia, uno de los personajes más sanguinarios, manipuladores y despiadados de su época, haya terminado convirtiéndose en el arquetipo del político-guerrero renacentista por excelencia.
Un hombre que acumuló enemigos con la misma facilidad con que acumulaba territorios, que no dudó en recurrir a la traición y al crimen cuando la diplomacia fallaba, sirvió de inspiración a Nicolás de Maquiavelo para escribir nada menos que El príncipe, una de las obras cumbres de la filosofía política occidental.
La figura de Borgia, cargada de contradicciones, fascinó al florentino precisamente por eso: porque en él podía verse con claridad meridiana lo que el poder requería sin disfraces morales. Y este personaje extraordinario, que dominó la Italia de finales del siglo XV, está íntimamente ligado a una pequeña localidad navarra llamada Viana.
Fundada en 1219 por el rey Sancho VII el Fuerte de Navarra, Viana nació con una vocación estratégica muy clara: defender la frontera sur del reino frente a Castilla.
Viana, cruce de caminos… Y destino de César Borgia
Iglesia de Santa María. ©Javier Campos - Turismo de Navarra.
Su posición geográfica en el extremo meridional de Navarra la convirtió en una plaza fuerte de primera importancia, y su desarrollo urbanístico y arquitectónico refleja esa condición de villa regia con funciones militares.
Murallas de Viana y las ruinas de la Iglesia de San Pedro. ©Visit Navarra.
A lo largo de los siglos XIII, XIV y XV, Viana acumuló un patrimonio notable que hoy permite recorrer sus calles como si se caminara directamente por la Edad Media. La iglesia de Santa María, de estilo gótico tardío con una portada renacentista de gran belleza, domina el conjunto urbano y constituye la joya arquitectónica de la localidad.
Iglesia de San Pedro. ©Francis Vaquero - Turismo de Navarra.
El antiguo castillo, hoy en ruinas parciales, recuerda la función defensiva que justificó la fundación de la villa. Las murallas, de las que se conservan tramos significativos, completan un conjunto que en su día fue uno de los más sólidos del reino navarro. Otros edificios civiles, como palacios renacentistas y casas señoriales dispersas por el casco antiguo, refuerzan la sensación de que Viana fue durante siglos un lugar de peso político y simbólico.
Restos de la muralla. ©Así es Navarra.
En 1423, el rey Carlos III el Noble la elevó a categoría de principado, de modo que el heredero al trono de Navarra ostentaba el título de Príncipe de Viana, lo que añade otra capa de relevancia histórica a esta localidad.
Iglesia de San Pedro. ©Javier Campos - Turismo de Navarra.
Es precisamente en este contexto donde la muerte de César Borgia adquiere toda su carga dramática. Borgia, que había sido Príncipe de Viana por concesión del rey Juan de Labrit, encontró aquí el final que nadie habría predicho para un hombre de su talante.
El 12 de marzo de 1507, durante una escaramuza militar en los alrededores de la villa, cayó en una emboscada tendida por caballeros leales a los Beaumont, un linaje enemigo. Herido y superado en número, murió a los treinta y un años.
Placa en la tumba de César Borgia. ©Visit Navarra.
Su cuerpo fue enterrado en la iglesia de Santa María, aunque sus restos han tenido una historia posterior tan agitada como su propia vida. Hoy, una placa –muy posterior a su muerte– en la iglesia y una estatua en la ciudad recuerdan que aquí murió uno de los hombres que más marcaron la historia política del Renacimiento europeo.
Imágenes | Francis Vaquero - Turismo de Navarra / Javier Campos - Turismo de Navarra / Visit Navarra