2026 va a pasar a la historia para miles de españoles (y muchos turistas) como la gran oportunidad para ver un eclipse total de sol el próximo 12 de agosto. Buena parte de España, especialmente a la que nos referimos a menudo como España Vaciada, se llenará de curiosos con ganas de que, durante alrededor de un minuto y medio, el sol se despida.
Sin embargo, a más de 4.000 kilómetros de distancia y durante más de 50 días, en la Laponia finlandesa sucede el fenómeno totalmente contrario: el sol de medianoche.
Dependiendo de la latitud, incluso, esos 50 días pueden llegar incluso a extenderse durante casi tres semanas más, sumiendo el norte de Finlandia en un día eterno bajo un sol que no se acuesta y que no calienta.
Como español y como mediterráneo, vivir en primera persona cómo el sol coquetea con el horizonte para nunca marcharse me parece una experiencia meteorológica fascinante. Casi como un día de la Marmota, trasladado a una realidad singular, donde durante horas y horas, la sensación de vivir en unas perennes siete de la tarde se multiplica.
En invierno, Ounasvaara es una concurrida estación de esquí. En verano, uno de los mejores lugares cerca de Rovaniemi para ver el sol de medianoche. ©Visit Rovaniemi.
En la lejanía, visto desde un cerro en Ounasvaara, una localidad muy próxima a Rovaniemi, la capital de la Laponia finlandesa, el sol parece jugar con tu mentalidad mediterránea.
El primer día piensas que no puede ser real, que debe ocultarse en algún momento, pero te mantiene enganchado a las ventanas, como si fuera una noche de Reyes –o de Santa Claus, el gran protagonista lapón–, para comprobar si pretende despedirse o, jugando con un quiebro celestial, va a acabar remontando.
Cómo se vive sin noche durante 50 días
Y así un día tras otro, durante más de un mes, el sol inicia sus maniobras de pretendido ocultamiento a finales de mayo, haciendo su magia hasta bien entrado julio. Entre medias, una luz eterna de un sol que sorprende cuando, a las dos de la mañana, ves que brilla como si fuera la tarde española, pero que no calienta.
La sensación del sol de medianoche para un mediterráneo es curiosísima: es un sol que no se acuesta, pero que tampoco calienta. ©Visit Rovaniemi.
En esa primera noche, por llamarla de alguna manera, la cristalera del restaurante donde nos alojamos presagiaba lo que iba a ser una semana única. Solo las nubes sirven, puntualmente, como elemento para recordarte que existe algo parecido a la nocturnidad. Con alevosía, un tupido velo de cielos cubiertos opacan a la luz solar, para luego volverte a sorprender cuando las nubes se esfuman.
Una foto hecha a las siete de la tarde, con el cielo cubierto, hacía entrever que eran las nueve de la noche. Dos horas más tarde, en las auténticas nueve de la noche y ya sin nubes de por medio, el impacto lumínico se aproximaba a lo que veríamos en España a las cinco de la tarde de un día de verano.
El keskiyön aurinko, o sol de medianoche literalmente, pero también lo no menos poético yötön yö (noche sin noche) cuando uno se acerca al Círculo Polar Ártico, esa exigua frontera geográfica que marca un territorio de 30 millones de kilómetros cuadrados… En el que habitan apenas cuatro millones de habitantes, dando una densidad de población que solo su hermano austral, el Círculo Polar Antártico, desafía.
Lo máximo que llega a ocultarse el sol en Rovaniemi, a las dos de la madrugada, durante la última semana de junio.
En el termómetro, nueve o diez grados se solapan con una lluvia fina que va y viene. A la mañana siguiente, dependiendo de cómo de cubierto amanezca el día, apenas máximas de 20 o 22 grados se producen un día tras otro, tan lejos del mercurio español –que se colocaba con solvencia por encima de los 35 grados– como son los más de 4.000 kilómetros que separan Madrid, donde vivo, de ese lejano Rovaniemi.
A eso hay que sumarle que el día se hace verdaderamente eterno. Tiene su contraprestación, evidente, de que te obliga a dormir con antifaz y con las cortinas bien cerradas, pero poder hacer casi a plena luz del día lo que quieras me parece un paraíso envidiable.
La luz que a los renos no molesta
Nadar, montar en bici, salir de excursión, dar simplemente un paseo por el bosque… Hacer cosas con la certeza de que nunca será noche cerrada y de que, como máximo, verás cómo la luz disminuye un poco, es una auténtica gozada…
Más aún cuando notas como ese impasse de las dos de la mañana, en la que el sol amenaza con velarse, pasa a mejor vida en apenas un par de horas, sorprendiéndote con un amanecer brillantísimo y que ya pone otro día en marcha sin que apenas haya habido resuello nocturno.
El río Kemi, desde una sauna flotante, a las once de la noche de un día de finales de junio.
Así durante más de 50 días. Al local, evidentemente, no le sorprende. El capitán de una sauna flotante en el río Kemi me comentaba: "A la gente del sur siempre le sorprende, incluso a mi mujer, que también es del sur".
Le pregunto por el origen de ella. "Es de Helsinki", respondía entre risas. "Aquí somos capaces de dormir sin antifaz", explicaba mientras manejaba el timón de una de las actividades predilectas del finlandés: disfrutar de una sauna.
En el río es habitual ver saunas flotantes, tanto privadas como para alquilar, recorriendo el cauce y fondeando en algunas playas de poca profundidad. ©Visit Rovaniemi.
"Sí hay persianas", puntualizaba, sobre ese miedo perenne del mediterráneo a llegar al norte de Europa y que nos atenaza ante las probabilidades de que una civilización tapasoles no hubiese conquistado el Círculo Polar Ártico.
"No es tan difícil vivir así", explicaba Ismo Pasanen, polifacético guía de la empresa Lapland Safaris, una compañía que ofrece rutas por Laponia de lo más variopintas, desde cruceros de río hasta excursiones en moto de nieve. Lo dice, evidentemente, una persona que va al más allá. "En la cabaña que tengo en el norte, todavía se nota más", aludía sobre un pequeño refugio en la frontera de Finlandia con Noruega donde va a pescar con su familia.
Ismo Pasanen tras capturar una trucha a las doce de la noche finlandesas en un lago próximo a Rovaniemi. Así de brillante se ve la 'medianoche' en el Círculo Polar Ártico.
Sobre madrugar, la pregunta es evidente: ¿a qué se llama mañana en un lugar dónde el sol nunca se pone? ¿Qué se considera primera hora de la mañana cuando no existe el ocaso?
"Pueden ser las cinco o las seis", explicaba el patrón de nuestra sauna flotante, que también advierte de la realidad invernal con una noche eterna donde, apenas, hay un par de horas de luz al día en los meses de invierno.
A quien no parece afectarle esto de la luz del norte es, por ejemplo, a los más de cien huskies siberianos de pura raza que aguardan en Santa Claus Village, convertido en uno de los principales reclamos turísticos de la casa de Papá Noel. Tampoco a los renos que son desde tiempos inmemoriales los protagonistas de bosques y tundras finlandesas.
Amo y señor de los bosques boreales, el reno no parece tener problemas con el sol de medianoche para conciliar el sueño. ©Visit Rovaniemi.
"No tienen problemas para dormir", comentaba con una sonrisa en un pequeño cercado un pastor de renos que trabaja con Lapland Safaris. Convertidos en santo y seña del trineo de Santa Claus pero, sobre todo, una fuente inagotable de aprovechamiento, el reno está perfectamente acomodado a vivir con un día eterno… Y luego a sobrevivir a temperaturas que en invierno pueden bajar a los -40 ºC.
"Están aislados por completo", explica Irene Kangasniemi, una artesana a las afueras de Rovaniemi que trabaja con los cueros del reno, mientras que su marido aprovecha las cuernas de los animales para hacer todo tipo de objetos.
1.400 pelos por centímetro cuadrado y una cámara de aire entre la piel facilitan que a los renos, esto del frío les resbale, y a sus ojos, adaptados a la luz del norte, que el sol de medianoche no les importune. A mí, como mediterráneo, me fascina: el sol, y el reno como amo y señor de estos campos.
Imágenes | Visit Rovaniemi