La provincia de Tarragona será una de las afortunadas zonas donde se podrá contemplar el eclipse solar de 2026 el próximo 12 de agosto. Esta circunstancia histórica nos brinda la oportunidad de aprovechar para conocer uno de los pueblos más bonitos de la Costa Dorada, no solo por conservar el encanto de las villas marineras, sino porque además visitar su centro histórico es como viajar en el tiempo a la época medieval.
Y es que quizá tenemos demasiado asimilado en el imaginario colectivo el concepto de Edad Media con pueblos de interior, casi perdidos entre infinitos campos y protegidos por murallas o escondidos entre montañas y bosques. Pero también muchas de las localidades que salpican nuestro litoral mediterráneo tienen un origen medieval, y en Altafulla, en la comarca del Tarragonés, ese pasado histórico todavía se ve, se siente y se respira en sus calles, en perfecta armonía con el ambiente pesquero y la vida tranquila mediterránea.
Como monumento clave y definitorio de la villa está su castillo, conocido como el Castillo de los Montserrat, que ya aparece mencionado en documentos del siglo XI y nos da una pista de la fundación de la localidad, aunque su fecha exacta es desconocida. El pueblo ha pasado de manos señoriales desde entonces, siendo precisamente la familia Montserrat y sus herederos, los Suelves, los últimos nobles que tuvieron la jurisdicción privada del municipio.
Al estar abierta al mar, el devenir de Altafulla ha estado siempre muy marcado por el puerto, el comercio marítimo y los ataques y saqueos que llegaban desde las aguas en conflictos como la Guerra de la Independencia y la primera guerra carlista. Su recuperación económica arrancó a finales del siglo XIX, terminando de florecer ya avanzado el siglo XX gracias a un turismo atraído por los encantos de una villa que tiene todo para enamorar.
Altafulla se encuentra enmarcada entre el río Gaià y el mar, rodeada de un paisaje típicamente mediterráneo donde confluyen campos, sierras, bosques, huertas y otras pequeñas localidades y monumentos históricos como castillos y yacimientos arqueológicos romanos. El terreno irregular marca el trazado urbano del pueblo, con calles empedradas estrechas, escaleras, callejuelas, plazas y placetas, a las que se abren tanto viviendas tradicionales como edificios más señoriales.
Como villa marinera medieval y punto estratégico, Altafulla fue y sigue siendo una población amurallada que conserva en el centro histórico tramos importantes de esa muralla medieval, remodelada entre los siglos XVI y XVIII. Es en ese núcleo donde se puede visitar el mencionado Castillo, de imponente porte defensivo, junto al que se alza la Iglesia de San Martín, de fachada barroca y que conserva los restos mortales de los marqueses de Tamarit, antiguos propietarios de la fortaleza.
El Castillo es un buen punto de partida para continuar recorriendo el casco medieval bajando hacia el mar, pasando por lugares emblemáticos como la bonita Plaza del Pozo, con el Ayuntamiento, rodeado de casas señoriales, la calle del Horno formada por arcos y escaleras de piedra, el Monumento a los Castellers o la Casa Gatell.
Ya a nivel de mar destaca como una de las zonas más transitadas y populares el Carrer Botigues de Mar, que a modo de paseo marítimo conserva todavía ese alma de pueblo de pescadores con casas típicas blancas, humildes pero llenas de encanto, y la cara más actual adaptada a la vida moderna y al turismo, pero sin perder su identidad y la tranquilidad de una vida relajada junto al mar.
Es un buen sitio para pasear, tomar algo en sus terrazas o aprovechar que se está en primera línea de playa para plantar la sombrilla, tomar el sol o darse un chapuzón en las tranquilas aguas mediterráneas. Los enclaves más populares para el baño o practicar deportes acuáticos son la Playa de Altafulla y la Cala del Canyadell, con aguas cristalinas y arena fina.
La visita se puede completar con rutas por los alrededores de la localidad para conocer los pueblos cercanos, practicar turismo activo en la naturaleza o subir hasta el Castillo de Tamarit, que regala unas vistas imponentes de la zona, un buen enclave para tener en cuenta a la hora de contemplar el eclipse o, simplemente, un buen atardecer veraniego.
Imágenes | Turismo de Catalunya - Flickr/Jorge Franganillo