Las Islas Canarias tienen bien ganada la fama de islas afortunadas, y casi da rabia lo injusto del asunto: nos ofrecen a canarios y peninsulares un auténtico paraíso a precio de vuelo nacional. Temperaturas de ensueño, paisajes de vértigo, playas infinitas, actividades al aire libre, una gastronomía riquísima y siglos de historia condensados en ocho islas.
No hace falta cruzarse el mundo para encontrar un lugar así. De hecho, personalmente me parece bastante absurdo atravesar medio planeta para ver playas salvajes y volcánicas en Hawái cuando las tienes en Tenerife. Tampoco entiendo mucho eso de plantarse en el sudeste asiático buscando selvas impenetrables pudiendo adentrarse en los bosques de La Gomera o de La Palma. Sobre gustos, ya se sabe, no hay nada escrito.
Y precisamente por ese desconocimiento general del archipiélago, me sorprende la cantidad de gente que ignora un dato curioso: en la isla de Tenerife hay dos lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El primero es evidente y todo el mundo lo acierta a la primera: el Parque Nacional del Teide, que recibió la distinción en 2007. El segundo, en cambio, suele dejar caras de póker. Ocho años antes, en 1999, la UNESCO ya había incluido en su lista otro rincón tinerfeño, esta vez como bien cultural. Hablamos del casco histórico de San Cristóbal de La Laguna.
San Cristóbal de La Laguna, la joya discreta del norte de Tenerife
La Laguna fue fundada a finales del siglo XV, concretamente en 1496, y tiene un mérito que no tienen muchas otras ciudades del mundo. Fue la primera ciudad colonial no fortificada de la historia, y su disposición urbana sirvió como modelo para muchas ciudades fundadas después en las Américas. O sea, que cuando paseas por Lima, Cartagena de Indias o La Habana Vieja, en realidad estás paseando por nietas urbanísticas de La Laguna. Casi nada.
Su conjunto histórico se divide en dos núcleos bien diferenciados. El primero es la Villa de Arriba, el lugar inicial de fundación junto a la laguna pantanosa original, con una estructura urbana no planificada; el segundo es la Villa de Abajo, situado a un kilómetro de distancia, al que se trasladó la ciudad por motivos de salubridad.
San Cristóbal de La Laguna. ©Hola Islas Canarias.
Este segundo núcleo, trazado en 1498, es el que le dio la fama mundial. Se diseñó con forma de retícula, siguiendo criterios racionalistas inspirados en la navegación y la ciencia de la época. El plano de la ciudad se lee como un "mapa estelar", en el que los puntos corresponden con lugares particulares de la ciudad y con las relaciones entre ellos. Vamos, que el urbanismo de La Laguna es básicamente una carta marina hecha calles.
Casco histórico de San Cristóbal de La Laguna. ©Hola Islas Canarias.
En cuanto a tamaño y conservación, los números impresionan. El trazado original ha permanecido intacto desde su creación, abarca la práctica totalidad del Conjunto Histórico, donde se localizan 627 edificaciones de sus cinco siglos de existencia, el 43% del total de la edificación.
Paseando por sus calles peatonales te cruzas con la Catedral de estilo neoclásico, la Iglesia de la Concepción, el Palacio de Nava, la Casa Salazar, el Convento de Santa Clara, la Casa Lercaro y la Casa del Corregidor, entre muchos otros palacetes de piedra roja y balcones de madera canaria.
Fachada de la catedral de San Cristóbal de La Laguna. ©Hola Islas Canarias.
¿Y por qué se la considera patrimonio? La UNESCO la reconoció en 1999 por ser ejemplo único de ciudad colonial no amurallada, un prototipo urbanístico que cambió el mundo sin que casi nadie lo sepa. Además, sigue siendo una ciudad viva, universitaria y bulliciosa, llena de bares de tapas y terrazas donde acabar la visita con un barraquito. Merece, como mínimo, una tarde entera.
Imágenes | Hola Islas Canarias