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Aunque la salsa bechamel es bastante fácil de preparar, hay que utilizar unos pequeños detalles para que te quede lisa, homogénea y sin ningún grumo.

Vamos a realizar una salsa bechamel adecuadamente que será ideal para los canelones o las lasañas. Para ello utilizaremos ½ litro de leche, 50 gramos de harina, 50 gramos de mantequilla, un poco de sal, pimienta y nuez moscada.

Lo primero que hay que hacer es derretir la mantequilla en un cazo antiadherente, seguidamente añadimos la harina de una sola vez y retiramos el cazo del fuego para elaborar la mezcla con la ayuda de una cuchara de madera intentando disolver todos los grumos que aparezcan.

Introducimos en el cazo un poco de leche previamente calentada y mezclamos rápidamente hasta que consigamos un compuesto denso. Añade entonces un poco más de leche y amalgama el compuesto con la ayuda de unas varillas, vuelve a colocar el cazo unos 10 minutos a fuego lento, durante la cocción, conforme la leche sea absorbida, vierte más cantidad hasta acabar con ella.

Añade la sal, la pimienta y la nuez moscada y retira el cazo del fuego. Ya esta elaborada, la bechamel te puede servir como base para gran cantidad de platos y dependiendo de la receta, deberás elaborarla más densa, para ello basta con aumentar la cantidad de harina y reducir la cantidad de leche.

Si no quieres que te queden grumos, bate la bechamel con la batidora y pasa la salsa por un colador fino. Si deseas enriquecer esta salsa, añade entonces 2 yemas de huevo por cada ½ litro de leche y un poco de queso rallado, es ideal para los gratinados.

Lo que nunca debemos hacer es mezclar la harina y la mantequilla en el fuego ya que la harina se cuece demasiado rápido y no se amalgama bien con la mantequilla formando esos dichosos grumos.

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En Directo al Paladar | La salsa roux y sus clases

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