Los hombres europeos llevan 10.000 años comiendo mucha más carne que las mujeres

Una nueva investigación revela que la desigualdad alimentaria entre hombres y mujeres ha sido persistente en las sociedades europeas durante miles de años

Carne
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Liliana Fuchs

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La obtención de alimentos ha sido el motor que ha movido al ser humano prácticamente hasta las revoluciones industriales. Para las sociedad preindustriales, en cambio, disponer de alimentos era lo único importante, pero el acceso a la carne, nutritiva fuente de proteínas, ha estado marcada por las desigualdades, y no solo sociales. Ahora sabemos que las mujeres se han llevado la peor parte durante miles de años.

Son las conclusiones de un nuevo trabajo de investigación arqueológica publicado hoy en la revista PNAS Nexus de Oxford University Press que revelan patrones persistentes de desigualdad alimentaria basadas en el género. Una desigualdad común en todas las sociedades europeas y persistente durante unos 10.000 años.

Las autoras, Rozenn Colleter, investigadora en el Institut national de recherches archeologiques preventives, y Klervia Jaouen, experta en biogeoquímica en el laboratorio Géosciences Environnement de Toulouse, confirman así las teorías que en el campo de la arqueología apuntaban a las desigualdades alimentarias en base a un claro sesgo de género masculino, no solo al estatus económico o de posición social.

Para desarrollar su trabajo, las investigadoras han analizado las proporciones de isótopos de carbono y nitrógeno en el colágeno óseo humano, ya que la proporción de unos y otros reflejan la cantidad de carne o de vegetales que consumió un individuo a lo largo de su vida. Para poder comparar las proporciones isotópicas entre yacimientos, algo complejo debido a las condiciones particulares de cada contexto, el equipo ha usado la proporción interdecil. Esta compara el umbral por encima del cual se sitúan el 10 % de los valores más altos con el umbral por debajo del cual se sitúan el 10 % de los valores más bajos. 

Así, examinaron la proporción de individuos masculinos y femeninos en diferentes deciles de consumo de carne y cereales y/o alimentos marinos usando datos de 12.281 adultos procedentes de 673 yacimientos europeos a lo largo de un periodo de 10.000 años. Sus conclusiones son claras: hay un sesgo masculino persistente en los deciles de mayor consumo de carne en todas las épocas, siendo la más evidente en la Edad de Bronce. 

Aunque las primeras sociedad agrícolas del Neolítico eran las más igualitarias, también presentan evidentes disparidades de acceso a las proteínas animales en función de si se trataba de un hombre o una mujer. Una desigualdad que, añaden podría deberse a diversos factores que fueron cambiando a lo largo de la historia, desde tabúes alimentarios y creencias cosmológicas a normas sociales que anteponían las necesidades de los hombres a las de las mujeres. 

“Este análisis diacrónico pone de relieve las complejas interacciones entre la alimentación, las estructuras sociales y el género, y ofrece un marco sólido para los estudios comparativos sobre las desigualdades en materia de salud en el ámbito de la arqueología”, concluyen las autoras.

Imágenes | Freepik/Kireyonok_Yuliya

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