No es lo más ortodoxo, pero es una forma perfecta de darle un extra de gracia al ajoblanco andaluz

Con un pequeño toque de frutos secos cambias la receta sin muchas complicación y queda igual de bien

Ajoblanco Cambio
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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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El ajoblanco es uno de los elementos vertebradores de la cocina andaluza, especialmente popular en la provincia de Málaga y muy vinculado a esas cremas frías que tanto juego nos dan, sobre todo en verano.

No todo va a ser gazpacho, claro. Como tampoco nos vamos a entregar solo en manos del salmorejo. Reivindicar las sopas frías sin tomate es, sobre todo, una buenísima forma de convertirlas en más nutritivas sin apenas esfuerzo.

Y, en este caso, bien sea con el ajoblanco o con la mazamorra, con la cual comparte raíz, he encontrado una forma sencilla de darle una nueva vida a este plato y, a su vez, hacerlo más completo nutricionalmente.

Misterio no hay. Simplemente, tomando como base la clásica receta de ajoblanco que ya tenemos en Directo al Paladar y que es infalible, lo que os aconsejo es que sustituyáis una parte de las almendras por nueces.

Peladas, bien limpias y lo más tiernas y jóvenes posibles, para que no dejen ese toque que, en ocasiones si son viejas, enrancia el resultado final. Añadiendo nueces no solo vas a meter más proteínas a la ecuación y vas a hacer que los macronutrientes sean más variados, sino que le vas a dar un toquecito algo más intenso al ajoblanco.

Para rematar la jugada, yo suelo, aparte de usar vinagre de Jerez en vez del clásico vinagre de vino blanco, poner algunas gotitas de salsa de soja y, si lo tengo a mano, un poco del caldillo de unas aceitunas encurtidas, simplemente añadiéndolos cuando trituras el ajoblanco, dando ese punto de umami y, a su vez, el toque ácido, que le va de perlas.

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