Estamos en plena temporada, pero hay muchos calabacines que no saben a nada: esto es en lo que te tienes que fijar para elegirlos bien

Elegir buenos calabacines es fácil. Prácticamente en lo único que te tienes que fijar es en su tamaño

Calabacines
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Miguel Ayuso Rejas

Director

Aunque estamos acostumbrados a comprar calabacines durante todo el año, lo cierto es que esta cucurbitácea está de temporada en verano y es especialmente abundante a finales de este.

Si te fijas en los precios, el calabacín está especialmente barato estos días. Y, si elijes bien, puedes encontrar ejemplares más sabrosos que los que se venden en invierno. Pero hay un problema. Es también ahora cuando en muchas fruterías se mezclan los mejores calabacines del año con los peores. ¿Cómo es esto posible?

El calabacín es un cultivo que, si tiene suficiente riego, crece a lo bestia mientras haga sol y el suficiente calor. Por eso es habitual que se cosechen cuando son más grandes de lo que deberían.

Los buenos calabacines se cosechan cuando aún no están maduros del todo, con un tamaño de aproximadamente unos 25 cm de largo y 15 cm de diámetro. Son los más sabrosos, los que apenas tienen pepitas, y los que puedes utilizar sin problemas para cualquier tipo de elaboración.

Aunque parezcan muy lustrosos, no hay nada peor que un calabacín grande. Y cuanto más grande peor. Su sabor es menos dulce, más áspero, y sus pepitas son molestas. Estos calabacines sirven poco más que para hacer purés o cremas, pero ni siquiera están muy buenas.

Cómo elegir los mejores calabacines

En realidad, los calabacines tienen mejor sabor cuanto más pequeños sean. Pero aquí entra la ecuación de rentabilidad con la que tienen que contar los agricultores: si son muy pequeños pesan menos y tampoco los puedes vender mucho más caros.

Pero, dentro de los precios habituales en esta época del año –cuando no suelen pasar de los 2,5 euros el kilo–, lo mejor es escoger siempre los ejemplares más pequeños, compactos, firmes al tacto y sin manchas visibles.

En definitiva, como explicaba Karlos Arguiñano en uno de sus libros, lo mejor es elegir ejemplares que sean pesados en relación con su tamaño, lo que significa que el calabacín será carnoso y macizo. Y en cuanto empiezan a ser demasiado grandes no cumplen esta máxima.

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