No sé si eran felices, pero seguramente ni Platón ni Epicteto se habrían resistido a estos buñuelos griegos con el calabacín como protagonista

Un clásico impronunciable de la cocina helena que, además, tiene también al feta entre sus ingredientes fundamentales

Bunuelos Griegos
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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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Debían andar bastante atareados en la antigua Atenas hace más de 2.000 años, haciéndose preguntas sobre la felicidad, la libertad, la ética o la democracia como para preocuparse de elementos tan triviales como el qué comer.

Sin embargo, Grecia, aparte de ser cuna de grandes pensadores, la madre de la democracia occidental y un pilar indiscutible en las culturas mediterráneas, es también un país muy sabroso que es capaz de resolver más de un aperitivo con poquitos ingredientes.

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Territorio por antonomasia de quesos, tomates y huertas por doquier, los placeres de la mesa griegos son, a menudo, tan sencillos como asequibles. Así son, de hecho, los impronunciables kolokithokeftedes que, casi literalmente, traduciríamos por buñuelos o albóndigas de calabacín, donde kolokíthi significa calabacín y keftédes vendría a ser albóndiga o buñuelo que, a su vez, bebe de las raíces turcas de términos como köfte.

Pero no hemos venido aquí a hablar de lingüística otomana, sino a presentarte una receta fácil, sabrosa y muy barata que puedes hacer para reemplazar a las siempre agradecidas croquetas, pero que exige mucho menos tiempo.

Aquí, eso sí, necesitamos algo de paciencia, pero merece la pena. Lo primero es rallar el calabacín pelado y la cebolla, dejando que se escurran sobre un colador una media horita para que pierdan agua.

Aparte, vamos picando hierbas frescas que tengamos a mano y, tras esto, en un bol machacamos queso feta, queso de cabra, huevo, pan rallado, harina y las hierbas picadas, mezclando todo bien y reservándolo.

En otro bol, colocamos el calabacín y la cebolla, bien escurridos, los salpimentamos y, a poquitos, agregamos la masa anterior. Cuando esté homogénea, simplemente freímos a puñaditos, dando forma de tortita, en aceite de oliva bien caliente.

Podéis formarlos también con un par de cucharas, dejándolos caer sobre la sartén, y friéndolos apenas un par de minutos en total, para que se hagan y queden crujientes, simplemente escurriéndolos luego en un poco de papel de cocina y los tendréis listos. El truco final, simplemente, es preparar una salsa tzatziki para acompañarlos y triunfarás a lo grande.

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