Los romanos, ¿qué nos han dado? Además del acueducto, el alcantarillado, las carreteras, la irrigación, la enseñanza, el vino o los baños públicos, puede que también nos hayan dejado la afición por llevarnos recuerdos de los viajes. Así interpretan los investigadores el hallazgo en Soria de una copa esmaltada fabricada en Britania en el siglo II, que habría llegado a tierras castellanas como souvenir militar de un celtíbero.
Bautizada por los investigadores que la han estudiado como 'copa de Berlanga', por haberse hallado en Berlanga del Duero (Soria), forma parte del conjunto de las cinco copas conocidas hasta ahora del Muro de Adriano, la antigua fortificación defensiva comenzada en tiempos del emperador homónimo en la provincia romana de Britania, actual Gran Bretaña.
Lo que hace especialmente excepcional a esta copa es, además de su buen estado de conservación, el hecho de que presente inscripciones relativas a las campañas militares orientales, más concretamente a los campamentos de Cilurnum, Onno, Vindobala y Condercum. La copa se encontró de forma fortuita, incompleta y fragmentada, pero al conservarse hasta el 90% de su estructura los expertos han podido realizar su reconstrucción virtual completa.
El estudio de la pieza, realizado por un equipo de arqueólogos e investigadores con participación del CSIC y del Museo Arqueológico Nacional, publicado en la revista Britannia, concluye que la copa habría llegado a territorio soriano como un recuerdo traído por un militar celtíbero que habría participado en las campañas militares del silgo II d.C. Es la segunda de estas copas encontrada en la península y la única que se expondrá en nuestro país tras concluirse los trabajos de restauración y estudio, en el Museo Numantino de Soria.
El hallazgo ha permitido además realizar una prospección arqueológica en la zona que ha sacado a la luz restos de una villa romana y otros pequeños edificios activos entre los siglos I y IV d.C. La campaña de investigación continuará en este espacio, conocido como La Cerrada del Arroyo, a lo largo de este año.
La copa es en realidad un cuenco hemisférico sin tallo ni pie, realizado en bronce con una decoración esmaltada en colores rojo, verde, turquesa y azul. La mitad superior aparece decorada con un friso jalonado con torretas, lo que la conecta con la rara serie de vasos relacionados con el Muro de Adriano, del que por ahora solo se conocen cuatro ejemplos más, además de otros fragmentos.
Los expertos coinciden en interpretar estas piezas como recuerdos de las campañas militares, una suerte de souvenirs que los soldados podrían llevarse consigo al regresar a sus hogares. “La calidad artesanal y los materiales utilizados en estas copas nos dicen que fueron objetos de prestigio, muy probablemente fabricadas por encargo para regalar o condecorar a la élite militar que había servido en el Muro de Adriano, la frontera más lejana del imperio”, explica el investigador Jesús García Sánchez, del Instituto de Arqueología de Mérida y del CSIC.
Los distintos análisis confirman que la pieza es auténtica, al revelarse en laboratorio que fue realizada con una aleación cuaternaria de bronce con zinc y plomo, con minerales procedentes de las minas romanas del norte de Britania. Estos datos, junto con las referencias historiográficas, sitúan la copa entre los años 124 y 150 d.C.
Imágenes | Britannia