Durante muchos años las dietas bajas en grasas parecían ser la alternativa perfecta para cuidar la salud cardiovascular, ya que altos niveles de colesterol y de lípidos en sangre como los triglicéridos, se asociaban con mayor riesgo coronario. Sin embargo, cuando se creó la dieta Atkins rica en grasas y en proteínas y muy reducida en hidratos de carbono, también se la vió como una alternativa válida para perder peso, reducir marcadores inflamatorios y mejorar la salud general.
Los estudios al respecto, durante años, han mostrado resultados contradictorios; pero una reciente investigación señala que ni las dietas bajas en grasas ni las reducidas en hidratos son la mejor opción para cuidar el corazón, sino que lo importante es cuidar la calidad de lo que comemos.
Dieta saludable por sobre todas las cosas
Después de analizar datos de más de 200000 personas de tres cohortes distintas, durante más de 30 años, y recopilar información sobre su dieta, estilo de vida, consumo de medicamentos y diagnóstico de enfermedades crónicas, cada dos o cuatro años; el estudio publicado recientemente en el Journal of the American College of Cardiology, muestra que la calidad de lo que comemos es más importante que la proporción de macronutrientes en nuestra dieta.
Con la información de los cuestionarios de frecuencia de alimentos, los investigadores dividieron a los participantes en quienes seguían una dieta baja en grasas y una dieta baja en hidratos, y al mismo tiempo, en quienes llevaban una dieta saludable o no saludable.
Durante el estudio se registraron alrededor de 20000 casos de enfermedades coronarias y los resultados mostraron que tanto las versiones saludables de las dietas bajas en carbohidratos como de las dietas reducidas en grasas se asociaron con un riesgo relativamente similar y menor de enfermedad coronaria, mientras que las versiones no saludables se vincularon con un riesgo significativamente superior.
Además las dietas de calidad, independientemente de la proporción de macronutrientes, se asociaron con perfiles lipídicos e inflamatorios más favorables como por ejemplo: triglicéridos más bajos, colesterol HDL más alto y niveles reducidos de proteínas C reactiva de alta sensibilidad.
Por todo esto, enfocarnos en la calidad de lo que comemos más que establecer dietas restrictivas y estrictas en cuanto a determinados macronutrientes o alimentos, parece ser la clave para mejorar nuestra salud general y cuidar el corazón.
Comer sano, no sólo para cuidar el corazón
Independientemente de si limitamos carbohidratos o grasas, debemos saber que toda restricción en la dieta puede generar un empeoramiento de nuestra salud mental, que a largo plazo puede traducirse en una conducta alimentaria alterada que promueve atracones, ansiedad y ciclos de excesos- compensaciones para nada beneficiosos para la salud del cuerpo humano.
Por otro lado, este tipo de conductas pueden dar origen a fluctuaciones de peso que se han asociado con una peor salud cardiovascular; y también puede entorpecer el logro de un verdadero cambio de hábitos al generar frustración, estrés y reducir la autoconfianza en quien lleva a cabo este tipo de dietas.
Por el contrario, centrarnos en lograr una dieta de calidad en la cual se reemplazan las fuentes de proteínas animales por proteínas vegetales, se prefieren los granos enteros y las legumbres por sobre las harinas refinadas y los azúcares, y se prioriza la ingesta de frutas y verduras así como de todo tipo de alimentos frescos en lugar de procesados, puede ser de gran ayuda para bajar de peso y cuidar la salud general.
Una dieta de mejor calidad, independientemente de la proporción de macronutrientes, parece ser la clave para cuidar el corazón, mejorar la salud mental y promover un cambio de hábitos a largo plazo. Por eso, según la ciencia es la solución para preservar el buen funcionamiento del organismo en el tiempo.
Sencillos cambios para comer más sano
Si queremos lograr estos beneficios con una dieta más saludable, algunos sencillos cambios que podemos implementar en el día a día son:
- Reemplazar las frituras por el horno.
- Sumar pescados y restar carnes.
- Sustituir fiambres y embutidos por pescados enlatados.
- Reemplazar el arroz blanco u otro cereal refinado por su versión integral.
- Cambiar cereales de desayuno comerciales por copos de avena o quinoa pop y frutos secos picados.
- Sumar siempre que se pueda legumbres y frutos secos a la dieta diaria.
- Evitar el alcohol y los refrescos, u otras bebidas azucaradas, siempre que sea posible.
- Cambiar el uso del salero por especias y condimentos diversos.
- Incorporar verduras a cada plato siempre que podamos.
Con estos cambios podemos mejorar la calidad de nuestra dieta en el día a día y, sin pensar en cuántos hidratos o en cuántas grasas consumimos, lograr una alimentación saludable que contribuya a largo plazo a un verdadero cambio de hábitos para beneficiar la salud del organismo y especialmente, cuidar el corazón.
Referencias
- Zhiyuan Wu, et. al. Effect of Low-Carbohydrate and Low-Fat Diets on Metabolomic Indices and Coronary Heart Disease in U.S. Individuals. JACC Journals. February 2026. https://www.jacc.org/doi/10.1016/j.jacc.2025.12.038
- Somwail Rasla et. al. Abstract 12888: Risk of Sudden Cardiac Death and Coronary Heart Disease Mortality in Postmenopausal Women With History of Weight Cycling. Circulation. Volume 134, Number suppl 1. https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/circ.134.suppl_1.12888
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Imagen | Foto de portada: Jasmin Schreiber, foto 1: Franco Debartolo y foto 2: Maddi Bazzocco