Asado, frito, a la plancha, cocido… hay muchas y muy diversas maneras de cocinar el pollo y, claro, también de acabar con sobras a las que no siempre sabemos cómo dar salida.
Croquetas, canelones o lasaña son opciones populares y deliciosas para reciclar esos restos, pero si no te apetece meterte en faena con una bechamel —o si después de Reyes descubres que Sus Majestades de Oriente, además de regalos, te han dejado algún kilo extra que has ido gestionando durante la Navidad— quizá la mejor idea sea convertir esos trozos de pollo en unas crêpes de pollo y queso emmental (aunque, por supuesto, quien dice emmental dice casi cualquier otro queso).
Aquí no hay misterio: se trata de hacer unas crêpes básicas, con un pequeño guiño salado. En la masa, en lugar de irnos a lo dulce, añadimos una pizca de sal y un toque de romero y tomillo. Dejamos reposar la mezcla unos 20 minutos en la nevera y, cuando esté lista, vamos formando las crêpes en una sartén bien caliente, tan finas como nos gusten.
Calcula que para una crêpe normal necesitaremos un par de minutos por cada lado. Las vamos reservando y, ya fuera del fuego, montamos el relleno: un poco de pollo en cada una, queso rallado y, si queremos, un toque de sartén para que el queso se funda. Aun así, con el pollo templado (en el microondas o en otra sartén) suele bastar para que el queso empiece a deshacerse.
A la mezcla podéis añadir algunos trocitos de tomate en rodajas o alguna verdura de hoja verde, como la rúcula o la escarola, que podéis incluir dentro del relleno y que redondearán la jugada saludable del plato.
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