Cómo reducir el consumo de microplásticos según una ingeniera medioambiental: los hay hasta en la sal

Beber agua de grifo es la medida más sencilla que podemos tomar para evitar la ingesta de microplásticos, pero hay más

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Miguel Ayuso Rejas

Director

“Podemos parecer diferentes. Podemos pensar diferentes. Pero todos tenemos dentro de nosotros algo en común: los microplásticos”.

Puede sonar exagerado. Pero esta afirmación, extraída de una ampliamente compartida tira cómica, es, de hecho, bastante real.

Solemos pensar que ingerimos microplásticos sobre todo a través de los alimentos marinos; pero, en realidad, hay muchas más fuentes de contaminación. La mayor, de largo, es el agua embotellada.

En el mundo se venden un millón de botellas de agua por segundo y, según datos de un informe publicado el pasado año en The British Medical Journal:  se estima que entre el 10% y el 78% de las botellas de agua contienen contaminantes, incluyendo microplásticos, que pueden ser disruptores hormonales, así como sustancias como los ftalatos o el bisfenol A (BPA).

Beber agua de grifo es la medida más sencilla que podemos tomar para evitar la ingesta de microplásticos, que según los últimos estudios puede llegar a ser de 1,5 millones de partículas al día. Pero como explica la ingeniera medioambiental Catherina Rolph, en un artículo publicado en The Conversation, los microplásticos están presentes en muchas más bebidas y alimentos. Los más contaminados son estos:

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Los chicles

Un chicle es, básicamente, plástico y goma con saborizantes, por lo que es lógico que masticarlos conlleve la ingesta de microplásticos. Un solo gramo de chicle puede liberar hasta 637 partículas microplásticas.

Como explica Rolph, los microplásticos no solo provienen de la base de la goma de mascar, sino que podrían deberse a la introducción de microplásticos durante el proceso de producción o envasado.

La sal

Al margen de que su ingesta excesiva tiene efectos indeseados sobre nuestra salud cardiovascular, la sal marina no parece el alimento con más riesgos de contaminación alimentaria, pero hay estudios que aseguran que el 94 % de los productos con sal están contaminados con microplásticos.

La contaminación es tan generalizada que incluso se ha propuesto la sal marina como indicador de contaminación por microplásticos en el medio marino, pero aún tienen más microplásticos las sales provenientes de la tierra –o, mejor dicho, de antiguos mares que hoy están en tierra firme–, como ocurre con la famosa sal del Himalaya.

Pexels Monicore 2624400 La sal del Himalaya es la que más microplásticos contiene

Y es que los microplásticos no provienen solo del mar, como apunta Rolph, la presencia de microplásticos en la sal tiene más que ver con su manipulación: se transfiere en el proceso de embalaje (en el que casi siempre interviene el plástico). Peor aún es la sal que molemos nosotros mismos en dispositivos que, de nuevo, suelen ser de plástico. Los molinillos de especias de plástico desechables pueden liberar hasta 7628 partículas al moler solo 0,1 g de sal. Así que mejor evitarlos y usar molinillos cerámicos o metálicos.

Las frutas y verduras

La contaminación por microplásticos en frutas y verduras se ha atestiguado en varios estudios científicos y a través de dos fuentes: los nanoplásticos, las partículas plásticas de menos de 1000 nanómetros, pueden penetrar en las plantas a través de las raíces. Pero, además, se han encontrado microplásticos en la superficie de diversas frutas y verduras.

La contaminación por microplásticos en frutas y verduras es mucho menor que en los alimentos procesados, pero, aún así, parece buena idea ser persistente en el lavado y pelado de fruta: los residuos de pesticidas no es lo único que quieres eliminar.

Un estudio descubrió que las manzanas y las zanahorias son las más contaminadas y la lechuga la que menos.

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Las bebidas calientes

Como ocurre con el agua, los líquidos tienen una mayor capacidad de tranferencia de microplásticos cuando están en contacto con envases de los que se desprenden. Y, en el mundo actual, consumimos un sinfín de bebidas que están en contacto con el plástico.

El café y el té son especialmente sensibles, sobre todo si los tomamos para llevar. El uso de vasos desechables con revestimiento de plástico es una de las mayores fuentes de contaminación por microplásticos en bebidas calientes. Y es que las altas temperaturas provocar una mayor liberación de microplásticos del envase a la bebida. También la mayoría de bolsas de té llevan plástico.

Como siempre en lo que respecta a los microplásticos, lo mejor para evitar su ingesta es optar por envases de vidrio o metal, como botellas o latas. Sin embargo, ni siquiera esto te libra de ingerir microplásticos: un estudio sobre bebidas embotelladas demostró que los refrescos y la cerveza almacenados en botellas de vidrio presentaban una mayor contaminación por microplásticos que las botellas de plástico, posiblemente debido a la contaminación de las tapas metálicas pintadas.

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Lo importante son los envases

Sí, la mayoría del pescado y el marisco está contaminado con microplásticos, pero, pese a estar siempre en el punto de mira, la cantidad que nos llega a través de esta fuente es mucho menor que todas las citadas anteriormente.

Un estudio demostró que los niveles de microplásticos en los animales filtradores como los mejillones –que se alimentan de aquellas sustancias que extraen del agua–, eran de tan solo 0,2-0,70 partículas de microplásticos por gramo. Esto es significativamente menor que los 11.600 millones de microplásticos que se liberan al preparar una sola taza de té con una bolsita de plástico.

Si queremos ingerir la mínima cantidad de microplásticos posible no debemos pensar tanto en la comida en sí, sino en su manipulación. Como explica Rolph, almacenar alimentos en recipientes de plástico y consumir alimentos altamente procesados ​​se asocia con altas concentraciones de microplásticos en las muestras de heces. También es preferible calentar los alimentos en el microondas en recipientes de vidrio en lugar de plástico, para evitar que los microplásticos se filtren en los alimentos.

Pero nada es tan eficaz como dejar de consumir agua embotellada, que puede llegar a tener hasta 240.000 partículas de microplásticos por litro.

Imágenes | mikel soria arbilla/Sherman Trotz/monicore/Gül Işık/Steve Johnson

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