Javier Arizcuren no niega que la sangre viticultora le corre por las venas, pero la vida, como la viña, a veces lleva por otros caminos que, en teoría, pueden ser más lógicos. Hijo, nieto y bisnieto… y así seguramente podríamos seguir ad eternum, decidió, como tantos otros, buscar un camino ajeno a la viticultura cuando era joven, aunque nunca olvidó de donde venía.
Se hizo arquitecto y, curiosamente, no se sabe bien si por destino o por casualidad, su estudio de arquitectura se ha especializado en diseñar bodegas. Con el expertise de trabajar para otros, Javier se dio cuenta de que, quizá, no era demasiado tarde para volver al vino. Lo hizo en 2008 cuando la catarsis llegó a sus puertas.
Su padre, que seguía siendo viticultor, se planteaba la retirada y la pregunta necesaria a esas alturas de la vida llegó en una conversación paternofilial: "¿Qué hacemos con las viñas? ¿Las vendemos?".
Por la cabeza de Javier pasaron miles de recuerdos con su padre, con su abuelo, entre las cepas viejas que la familia tiene en Quel, en la parte más elevada de Rioja Baja, en la Sierra de Yerga, donde la garnacha y el mazuelo aún campan a sus anchas, antes de que el terremoto del tempranillo lo colmase todo en los años setenta y ochenta.
El carácter artesano de la bodega no es solo su tamaño, sino el tipo de operativas con las que lidia en el día a día.
Javier se negó a venderlas, pero eso exigía otro sacrificio extra: aprovecharlas. Y lo hizo. Decidió hacerse bodeguero, pero sin apartar la mirada de su mundo de trazos y Autocad de arquitecto. Estudió el máster de Enología y se dispuso a elaborar sus vinos, la marca, evidente, no podía tener otro nombre que Arizcuren, su apellido y el de las cinco generaciones de viticultores que, como poco, le habían precedido.
Monte Gatún Tinto. DOCa Rioja.
Comenzó en el garaje de casa de sus padres. "Elaboraba en Quel, allí, haciendo que mi padre hubiera sacado el coche, pero cuando el proyecto creció, hubo que trasladarlo", nos explica.
La solución para llegar a una situación lógica fue mudarse a Logroño, sobre todo para compatibilizar sus tres vidas: la arquitectónica, la bodeguera y la personal.
La bodega es totalmente urbana, en el centro de Logroño.
El trayecto de 40 minutos, sin ser muy largo, era un peaje que complicaba la operativa conciliadora de este tridente de decisiones. Tampoco fue fácil, claro, conseguir permisos para levantar de cero una bodega urbana en el centro de Logroño, algo que parecía impensable.
Sin embargo, lo ha hecho. Y la ha convertido en un reclamo enoturístico abierto al público –con cita previa– que ronda los 5.000 visitantes al año. "Empezamos con un módulo de 160 metros cuadrados y ahora ya ocupamos un espacio de 600 metros cuadrados", cataloga. El crecimiento, totalmente natural, es prácticamente igual de orgánico que el éxito de sus vinos.
Monte Gatún Blanco. DOCa Rioja.
Con una viticultura ecológica, Javier lo tiene claro: "Los vinos de Arizcuren se hacen en el viñedo. En la bodega solo respetamos lo que nos da la tierra". Lo dice con el orgullo de quien ha sabido conservar cepas antiguas, comprando también alguna parcela próxima, en riesgo de desaparecer ante la falta de relevo.
Sobre si presume de zona, además, es rotundo: "Al 100%. Yo hablo de Rioja Baja y de la Sierra de Yerga, que es mi zona y donde estamos en algunas de las mayores altitudes de toda la denominación de origen".
Javier Arizcuren Solomazuelo 2018. DO Ca Rioja.
Y habla de sus variedades, de la garnacha, ahora de moda, pero que sucumbió hace cinco décadas al boom de la productividad para plantar tempranillo. También de variedades menos abundantes como la mazuelo, la graciano –de la que hace, incluso, un monovarietal– y otras aún menos visibles como la calagraño o la tinto velasco. "Se decía que no se podía hacer un monovarietal de graciano, y aquí lo tenemos", presume con orgullo.
Hace en total apenas 25.000 botellas, pero las suficientes como para haber conquistado a gurús del sector como el master of wine Tim Atkin, crítico y uno de los mejores conocedores de la nueva Rioja.
Viñedo Singular Finca El Foro. DOCa Rioja.
Entre ellos, además de monovarietales, también elabora algunos vinos de viñedo singular, una categoría relativamente nueva de Rioja donde se puede presumir de las mejores parcelas (como sucede con su Finca El Foro o con Barranco del Prado) y con su gama de entrada Monte Gatún, donde caben blancos, tintos y rosados.
En DAP | Los cinco enólogos que más han contribuido a mejorar la reputación del vino español en el mundo