Los calzones rotos son un dulce típico de Chile que se prepara sobre todo en invierno. Se hacen con una masa sencilla que se fríe y luego se reboza en azúcar.
Si nunca los has probado, te puedes hacer una idea comparándolos con las rosquillas, los pestiños o las orejas de carnaval que se hacen en muchas zonas de España, aunque sin miel ni anís. El nombre viene de la forma. Se corta la masa, se hace un corte en el centro y se gira, quedando como “abierta” o rota.
En un bol, bate el huevo con el azúcar hasta que esté bien mezclado. Añade la leche, la vainilla, la ralladura de limón y la mantequilla derretida. Mezcla bien hasta que quede todo integrado.
Aparte, tamiza la harina junto con los polvos de hornear. Ve añadiéndola poco a poco al bol, mezclando primero con cuchara y luego con la mano. Aquí el truco no es amasar como si fuera pan, sino simplemente integrar bien todos los ingredientes hasta que quede lisa y manejable, sin pegarse. Forma una bola, cúbrela y deja reposar unos 20–30 minutos.
Estira la masa con rodillo hasta dejarla fina, de unos 3-4 mm. Esto es importante para que luego queden crujientes. Corta rectángulos, haz un corte en el centro y pasa uno de los extremos por dentro para darles la forma típica.
Fríe en abundante aceite caliente, en tandas pequeñas. Se hacen rápido, en 1–2 minutos por lado. Sácalos a papel absorbente y, todavía calientes, espolvorea azúcar glas.
Con qué acompañar los calzones rotos
Lo mejor es comerlos recién hechos, tal cual, con el azúcar por fuera y aún calentitos. Lo típico es acompañarlos con un café, un té o incluso un chocolate caliente, sobre todo en días fríos.
En DAP | Flores de carnaval: una receta que se toma también en Cuaresma y Semana Santa
En DAP | Cañas rellenas de crema pastelera